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Con la denominación popular de verracos, se conoce un conjunto de esculturas de la Edad del Hierro y de época romana que representan, con cierta tosquedad, a cerdos, toros y jabalíes. Se localizan principalmente en el oeste de la Meseta española y en las comarcas portuguesas de Beira y Trás-os-Montes.
Dichas esculturas se emplazan generalmente cerca de los poblados o en zonas de fuentes y pastos, por lo cual se las relaciona con la
economía ganadera característica de aquellos pueblos en la Antigüedad. Se ha supuesto que serían hitos destinados a señalar recursos económicos esenciales; y, también, que tendrían un valor simbólico, como presencias protectoras del ganado y de los castros. Está constatada igualmente la utilización de algunos de ellos como monumentos funerarios en época romana.
Son especialmente famosos el toro de la puente de Salamanca, junto al cual se inician las andanzas de Lázaro de Tormes, o los toros de Guisando, en los
que Isabel la Católica fue proclamada heredera de Castilla y que Cervantes menciona en El Quijote. |