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La presencia humana en el concejo de Mogadouro está documentada desde tiempos de la Prehistoria reciente.
A mediados del cuarto milenio a.C. el hombre hizo sus enterramientos en
mamoas (túmulos con pequeños dólmenes) , y en el primer milenio antes de Cristo nos dejó el espacio salpicado de castros. Todos estos lugares habitados por el hombre de la Edad del Hierro en Mogadouro tienen características semejantes: todos son de reducidas dimensiones, con poblados que no pasaban de una hectárea de superficie –con excepción del Cabeço da Coroa en Sampaio- y que difícilmente alcanzarían el centenar de viviendas.
Todos ellos se encuentran, o en los espolones de los ríos Duero y Sabor, sobre orillas muy empinadas y de difícil acceso, o en los llamados Cimos de Mogadouro, es decir, en los picos más elevados de las sierras, que se aproximan a los 1000 m. de altitud. Todos aprovechan la geomorfología del terreno situándose en lugares de fácil defensa, que reforzaron aún más con campos de piedras hincadas, fosos y murallas.
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