El poblamiento del Concejo de Miranda, entre mediados del IV milenio y el inicio del I milenio a.C., privilegió las tierras del altiplano, ricas en agua, y los debruns de ligeros relieves redondeados. Pero, a partir del Bronce Final y a lo largo de la Edad del Hierro (I milenio a.C.), las necesidades defensivas parecen haber sido tan exigentes que todo el profundo valle del Duero fue objeto de una densa ocupación de poblados fortificados, despoblándose el altiplano, cuya geomorfología horizontal no permitía la fortificación castreña. Así, una línea de castros, de reducidas dimensiones, con excepción del gran poblado de Picote, bordea el Duero. Río que separaba los vettones de los zoelas, constituyendo estos últimos, que habitaban en los castros de Miranda, uno de los 22 pueblos de los astures.