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Los llamados “verracos” son la típicas esculturas de granito del occidente de la Península Ibérica que representan toros y cerdos. Su distribución coincide en gran parte con el territorio de los vettones. Están tallados en bloques donde se representa al animal de cuerpo entero así como el pedestal que lo sustenta. Sus dimensiones no son uniformes, desde ejemplares de menos de 1 m hasta esculturas de más de 2,50 m, y suelen presentar los órganos sexuales muy marcados, tratándose siempre de machos y nunca hembras. Se conocen más de 400 esculturas. Casi la mitad procede de la provincia de Ávila, siendo la capital la que concentra el mayor número de ejemplares y los Toros de Guisando el conjunto más representativo.
En la Segunda Edad del Hierro su significado parece estar relacionado con la protección del ganado y como marcadores territoriales de zonas de pasto. Unas pocas fueron reutilizadas durante la época romana como tumbas.
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