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El territorio abulense constituye el núcleo central de la cultura vettona. Sus grandes castros distribuidos en torno al Sistema Central, ocupan posiciones de privilegio para el control de amplios territorios de aprovechamiento económico, tanto agrícola como ganadero o minero.
Algunos de ellos hunden sus raíces en el Bronce Final, como Las Cogotas o Los Castillejos, mientras que otros se levantan de nueva planta con el inicio de la segunda Edad del Hierro (siglos V y IV a. C.), como Ulaca, El Raso o La Mesa de Miranda, llegando algunos hasta la ocupación romana.
Los emplazamientos, siempre en altura y protegidos por fuertes escarpes en alguna de sus vertientes, se complementan con impresionantes sistemas defensivos, en entornos paisajísticos muy variados que van desde las espectaculares vertientes del pico del Moro Almanzor en El Raso, a los imponentes roquedales de Ulaca que se ciernen sobre el valle del Amblés.
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